jueves, 21 de junio de 2012

Capítulo24. No se si he echo bien.


La verdad es que tanto los médicos como mis padres insistían en que debía avisar a Pablo que debía de estar muy preocupado, pero yo no quería preocuparle sabia que si se enteraba de que estaba ingresada no dejaría de preocuparse y no se centraría en su trabajo.
Llevaba dos días en el hospital, las llamadas y mensajes de Pablo eran constantes, según me decían mis padres pero durante los primeros días no me dejaron tener el móvil en la habitación, al tercer día me lo trajeron y fue cuando comprobé por mi misma todas las llamadas y mensajes, estaba leyéndolos todos cuando empezó a sonar esa melodía “te he echado de menos todo este tiempo he pensado en tu sonrisa y en tu forma de caminar, te he echado de menos soñado el momento de verte aquí a mi lado dejándote llevar”.
-¿Diga?
-¡Ana! Por fin me coges el teléfono estoy muy preocupado, desde que saliste por la mañana no volví a saber de ti.
-Ya, lo siento cariño
-pero ¿te pasa algo?
-no no me pasa nada estoy muy bien.
-Y ¿Dónde estas? Quiero verte cielo.
-Pues es que estoy en casa de mis padres cielo me pidieron que fuese unos días que necesitaban ayuda con la casa, porque… iban a pintar – fue la primera excusa que se me ocurrió para no decirle a Pablo que estaba ingresada.
-Ana debes dejar el móvil el medico viene a hacerte unas pruebas. – en ese mismo instante, en el menos apropiado, apareció la enfermera.
-¿medico? ¿Ana se puede saber porque va a ir un medico a hacer te pruebas? ¿Por qué me engañas?
-Amor debo dejarte en serio
-No An…
Colgué el teléfono, me había delatado pero aunque hubiese querido no me hubiese dado tiempo a darle explicaciones el medico ya estaba en mi habitación y me estaba esperando.
Me hicieron las pruebas que tenían pensadas para ese día y me dijeron que todo evolucionaba favorablemente, que en unos días tendría el alta medica.
Las horas pasaban muy lentas en el hospital y desde la ultima llamada de Pablo, no había intentado hablar conmigo en lo que quedaba de mañana, no sabia si había echo bien en no decirle que estaba ingresada, pero yo no quería que se preocupase por mi, entre un millón de pensamientos similares a este me quedé dormida.
Cuando me desperté me llevé una gran sorpresa al ver quien estaba sentado al borde de mi cama

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