La verdad es que tanto
los médicos como mis padres insistían en que debía avisar a Pablo
que debía de estar muy preocupado, pero yo no quería preocuparle
sabia que si se enteraba de que estaba ingresada no dejaría de
preocuparse y no se centraría en su trabajo.
Llevaba dos días en el
hospital, las llamadas y mensajes de Pablo eran constantes, según me
decían mis padres pero durante los primeros días no me dejaron
tener el móvil en la habitación, al tercer día me lo trajeron y
fue cuando comprobé por mi misma todas las llamadas y mensajes,
estaba leyéndolos todos cuando empezó a sonar esa melodía “te he
echado de menos todo este tiempo he pensado en tu sonrisa y en tu
forma de caminar, te he echado de menos soñado el momento de verte
aquí a mi lado dejándote llevar”.
-¿Diga?
-¡Ana! Por fin me coges
el teléfono estoy muy preocupado, desde que saliste por la mañana
no volví a saber de ti.
-Ya, lo siento cariño
-pero ¿te pasa algo?
-no no me pasa nada
estoy muy bien.
-Y ¿Dónde estas?
Quiero verte cielo.
-Pues es que estoy en
casa de mis padres cielo me pidieron que fuese unos días que
necesitaban ayuda con la casa, porque… iban a pintar – fue la
primera excusa que se me ocurrió para no decirle a Pablo que estaba
ingresada.
-Ana debes dejar el
móvil el medico viene a hacerte unas pruebas. – en ese mismo
instante, en el menos apropiado, apareció la enfermera.
-¿medico? ¿Ana se
puede saber porque va a ir un medico a hacer te pruebas? ¿Por qué
me engañas?
-Amor debo dejarte en
serio
-No An…
Colgué el teléfono, me
había delatado pero aunque hubiese querido no me hubiese dado tiempo
a darle explicaciones el medico ya estaba en mi habitación y me
estaba esperando.
Me hicieron las pruebas
que tenían pensadas para ese día y me dijeron que todo evolucionaba
favorablemente, que en unos días tendría el alta medica.
Las horas pasaban muy lentas en el
hospital y desde la ultima llamada de Pablo, no había intentado
hablar conmigo en lo que quedaba de mañana, no sabia si había echo
bien en no decirle que estaba ingresada, pero yo no quería que se
preocupase por mi, entre un millón de pensamientos similares a este
me quedé dormida.
Cuando me desperté me llevé una gran
sorpresa al ver quien estaba sentado al borde de mi cama
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